I only want a little

domingo, 5 de noviembre de 2017

Alguien bajo los párpados


A menudo le pasaba eso;
vagamente recordaba algo olvidado
y le nacían cuentos en los ojos 
Cristina Sánchez-Andrade





Dos ancianas, Olvido Fandiño y su criada Bruna, deciden emprender un viaje, un último viaje. Lo harán en un viejo Volkswagen escarabajo, en cuyo asiento de atrás introducen un bulto sospechoso y siniestro. Con una gaviota posada en el techo, conducirá doña Olvido, que para algo es la orgullosa poseedora del primer carnet de conducir expedido a una fémina en la ciudad de Santiago. 


Ambas mujeres, que llevan casi toda la vida juntas y no saben vivir la una sin la otra a pesar de sus peleas, forman una extraña pareja, una mezcla de Thelma y Louise y las entrañables y temibles ancianas de Arsénico por compasión en versión gallega. Quedaron unidas para siempre por un hecho terrible del pasado, hecho relacionado con el matrimonio de Olvido con un abogado con simpatías galleguistas, la excéntrica familia de éste, que incluye entre otros a un hermano coleccionista de muñecas que hace misteriosos viajes a Paris y una madre maniática de los bacilos y la limpieza. 




Todos escondemos secretos. Compartir la verdad con la gente que amamos nos saca del atontamiento, nos conecta con lo que de verdad somos. Haga el esfuerzo, vaya a confesar, hable con una amiga o incluso con alguien que no conoce. Saque de su alma eso que le molesta.


Antes de hablarte de Alguien bajo los Párpados, de Cristina y del periplo de estas dos ancianas, te contaré que desde hace tiempo, mucho antes de que existiese una posibilidad real de tener descendencia, empecé a guardar notas en los libros. Anécdotas, recuerdos y curiosidades varias que vienen a mi mente mientras leo. A veces fantaseo con la idea de que algún día alguien de mi futuro linaje, al coger los libros de las estanterías, se sorprenderá al ver algunas palabras mías y puede incluso que meta otro papelito entre las páginas con sus propias historias.



Iba y venía hablando consigo misma, como una hormiguita, con baúles llenos de fotos, velas y embutidos, un gramófono, una escoba y un babel de cosas por el estilo que comenzó a apilar junto a la olla. Era como una niña pequeña: todo lo quería llevar.


Olvido y Bruna son dos personajes que no te dejan indiferente, tienen cierto aire siniestro pero al mismo tiempo resultan entrañables. Las he acompañado en un viaje lleno de recuerdos, de rabia, de dolor, odio y de sonrisas agridulces. Situaciones algo cómicas que rozan hasta lo absurdo y que consiguen sacarte alguna que otra sonrisa, se mezclan con la crudeza de sus vidas.

El lenguaje impecable, las frases, los personajes y esa forma peculiar de relatar que tiene Cristina, hace que sientas y huelas ese ambiente. Te sumerges fácilmente en la historia y sin darte cuenta te has transportado a esos años oscuros y tristes de la guerra civil en una Galicia rural, con sus costumbres y olores característicos. Cristina sabe guiarte, hacer que intuyas lo que va a pasar y que aún quieras más. Sabe contar y mezclar situaciones cuando menos curiosas y ponerle voz y rostros a unos personajes que al final parece que conocieras de toda la vida. 



Así fue como supo por qué muchas veces los hijos heredan, arrastran y esconden un dolor que no les pertenece; de por qué toda la vida gira en torno a esa amargura, como si no hubiera nada más, y de por qué las cosas en aquella casa eran así.


Seguidas por una gaviota cual Virgilio acompañando a Dante en su viaje, Olvido y Bruna no sólo me han hecho partícipes de sus secretos, anhelos y miedos, también me han llevado a mi niñez. Entre las páginas de este libro dejaré mis recuerdos de aquella “casa de casitas” en la que vivió mi bisabuela junto con su familia y las familias de sus otras hermanas. Les diré a mis futuros descendientes que me encantaba corretear por el siempre impoluto patio blanco que comunicaba a las cuatro casas; cómo subía las escaleras de la casita de arriba intentando abrir el candado de la puerta de la cuarta hermana a la que nunca conocí y las aventuras que inventaba en la cueva del sótano cuando en un despiste dejaban abierta la puerta.

Muchas puertas y ventanas daban a ese patio. Probablemente eran muchas menos de las que mi memoria recuerda. Pero lo que más me gustaba era sentarme en las noches de verano a observar a las hermanas: cada una en su puerta sacaba una pequeña mesa y sillas y cenaban a la luz de la noche estrellada en mitad de un silencio que a mí me parecía incómodo y que ellas disfrutaban. Cuantas historias me podrían haber contado, cuantas podría haber escrito si por aquel entonces se me hubiese ocurrido ejercer de reportera o historiadora. Me fascinaba observar sus costumbres, sus manías, intentar adivinar cuántos bolsillos se escondían bajos sus faldas y delantales y qué había en ellos, sus muebles antiguos, sus cocinas que parecían de juguete, absorber el olor a humedad, rancio y madera de las casas, corretear en busca de fantasmas, hacerme amiga de las sombras…

Así del mismo modo, con ese entusiasmo de antaño, he observado a estas dos protagonistas, he descubierto los secretos de sus silencios, esos silencios que han acompañado y acompañan a tantas y tantas personas a lo largo de sus vidas. Esas historias no contadas que desvelan el carácter de cada uno, que en algunas ocasiones se vuelven tan agrias con el paso de los años que parecen ser hasta un chiste de mal gusto. 


La vida es amarga como las nabizas y no es cierto que el tiempo lo cura todo. El dolor está siempre ahí y es insoportable. Luego desaparece porque es insoportable, porque es imposible e insoportable vivir con él todo el tiempo. No es cierto que el tiempo lo cura todo.. Eso solo se dicen para consolar a la gente.


He leído algunos comentarios de las personas del club de lectura y la mayoría siente un especial afecto por Bruna. Mi personaje favorito es Olvido y ese hambre voraz que tiene de cariño.

Al finalizar la última página del libro me he dado cuenta de que siempre suelo terminar los libros en domingo, creo que por ese motivo mis no-reseñas tienen ese aire melancólico. Elegí el libro por la morriña que sentía de Santiago de Compostela. Este año hice mi segundo camino, pero de mi experiencia y de los motivos que me llevaron a esa tierra te hablaré otro día, con otra historia. Ahora quiero contarte lo que Bruna y Olvido llevan en el asiento trasero del escarabajo y del lugar al que se dirigen… Mejor aún, te invito a que hagas ese viaje de la mano de las palabras de Cristina, estoy segura de que te gustará.


Te voy a decir una cosa, porque tan vulgar es la indiferencia como las lágrimas más sentimentales. Por si aún no te has enterado con todo lo que te dije… Te quiero .Hale, ya está dicho. Debería haberlo dicho antes, mucho antes. Pero tenía miedo. Miedo de quererte. Miedo de que te marcharas, de que me traicionaras como todos los demás. Por encima de todo, no sabía que el amor es un animal voraz que necesita su alimento diario.



lunes, 9 de octubre de 2017

Apegos Feroces



Lo único que odia es el presente;
en cuanto el presente se hace pasado,
comienza amarlo inmediatamente.

Vivian Gornick







Gornick, una mujer madura, camina con su madre, ya anciana, por las calles de Manhattan, y en el transcurso de esos paseos llenos de reproches, de recuerdos y complicidades, va desgranando el relato de la lucha de una hija por encontrar su propio lugar en el mundo. Desde muy temprano, Gornick se ve influenciada por dos modelos femeninos muy distintos: uno, el de su madre; el otro, el de Nettie. Ambas, figuras protagónicas en el mundo plagado de mujeres que es su entorno, representan modelos que la joven Gornick ansía y detesta encarnar, y que determinarán su relación con los hombres, el trabajo y otras mujeres durante el resto de su vida.



La vida puede ser convulsa, insulsa, rutinaria, mágica, trágica, melancólica, caótica,… y así seguiría escribiendo un sin fin de adjetivos que dependerán de la estación del año, del día de la semana e incluso de la hora del día en la que escriba. Independientemente de los acontecimientos que ocurren ahora en el mundo, en España en concreto y en mi vida cerrando aún más el círculo, todo parece quedarse al margen cuando me adentro en los mundos particulares de aquellas personas que se arriesgan a escribir esos “barcos de papel” llamados libros. 

De nuevo intento navegar en este océano que a “ella”, a Quevedo, tanto le gusta y al que no sabe cómo regresar. Me sumerjo de nuevo en estas aguas a través de un libro y gracias a la iniciativa de Nuria.

No era la necesidad filosófica de hallarle sentido a todo lo que la empujaba a la narración. Era, más bien, que valoraba la sensibilidad y para ella, las artes -la música, la pintura, la literatura- eran un vehículo para la emoción pura. Contaba historias porque anhelaba vivir en un mundo de belleza, entre gente culta y sensible.

Me voy a enrollar con este post, lo presiento, porque cuando llevas tanto tiempo sin escribir, es como cuando te quieres meter en el mar pero sabes que el agua está helada. Yo lo hago poco a poco, titubeando, a pesar de las ganas me frena el frío. Y aquí estoy: cómo me lanzo con Vivian; cómo lo hago para de nuevo mezclar mis impresiones y mi diario personal con las páginas de la Gornick, para transmitir lo que he sentido y que se sienta lo que leído. 

Lo amaba, de verdad lo amaba. Pero sólo hasta cierto punto. Más allá de ese punto, había algo opaco en mí que no cedía.

Ha sido una mezcla de amor-odio el que he sentido por Vivian. Su forma de escribir algunas veces demasiado resabiada y prepotente, me fascinaba al mismo tiempo que me molestaba. No me preguntes, no sé el motivo.

En las primeras páginas noté cierto resentimiento en su forma de escribir y conforme avanzaba en el libro sentí que tal vez lo que estaba buscando era un camino para la reconciliación, con ella y con sus propios sentimientos.

La atmósfera de nuestras primeras discusiones nunca se disipó, poco a poco nos acostumbramos a ella como se acostumbra uno a un peso sobre el corazón que constriñe la libertad de movimiento pero que no impide la movilidad: muy pronto caminar contraído se vuelve natural.

Me hizo reflexionar sobre por qué determinadas actitudes de nuestros padres nos molestan, en si tenemos derecho a juzgar sus acciones y en esa necesidad que en algún momento todos hemos sentido de que sean perfectos. Particularmente me ha gustado la forma en la que presenta y describe las personas que han ejercido una influencia en su vida. Cómo enlaza los hechos y acontecimientos con su propia madurez como persona.

- La infelicidad está tan viva hoy en día.

- Ese es el primer paso. La infelicidad tiene que estar viva para que pueda suceder cualquier cosa.

El libro hace una sutil comparación de generaciones y muestra las diferencias en el estilo de vida y pensamiento y al mismo tiempo pone de manifiesto lo que nunca cambia. Y es que siempre es igual en todas las épocas y culturas: las relaciones son complicadas. Las relaciones con los padres mucho más aún. Las frustraciones de unos y las expectativas de otros nos marcan. Y ahora como madre me pregunto qué decepción o decepciones generaré en mi hijo. Qué opinión de mí tendrá en el futuro. ¿Será admiración, rencor o una mezcla de ambos? ¿Me recordará con cariño o con cierto reparo? Y me gustaría poder hacer cosas que no sólo contribuyan a que tenga una mejor vida, sino que, egoístamente, hagan que tenga un buen recuerdo mío.

Incapaz de obtener lo que esperaba de la vida, lo que pensaba que le hacía falta, lo que sentía que le era debido, desapareció bajo un manto de infelicidad.

Al principio pensaba que la vida de Vivian era como la mayoría de vidas, un zig zag entre la tragedicomedia y el aburrimiento. La emoción, según mi punto de vista, la ponía ella en las palabras  que usaba y en la composición de las frases. Pero a pesar de eso, leía lentamente, me iba empapando de cada sensación que transmitía con su lenguaje, anotando citas, impresiones y reflexiones.

Le tengo envidia. Le tengo envidia porque vivió su vida. Yo no viví la mía.

A veces me enfadaba al leerla, no sé porqué, tal vez porque me recordaba algo de mi propia vida o tal vez porque su forma de escribir sobre un hecho concreto me molestaba, entonces cerraba el libro y dejaba de leer. Cuando de nuevo regresaba siempre encontraba alguna frase o párrafo que me reconciliaba con ella, porque se volvía más cercana y de alguna manera la entendía. Y ahora es cuando te cuento un secreto, para escribir la reseña me reservo aún unas páginas para terminar el libro porque no quiero que el final de este encuentro con Vivian sean mis palabras sino las suyas.

No sabe que me ha dejado hecha polvo. No sabe que me tomo su angustia de manera personal, que me siento aniquilada por su depresión.

Esta tarde leyendo otra cosa que no tenía nada que ver,  me ha venido el recuerdo del libro y ha sido cuando he comprendido que esos Apegos Feroces que yo voté para leer, van mucho más allá de lo que creía en un primer momento. Van más allá de la relación madre e hija de Vivian, van más allá de las personas que nos atraen, de los contextos en los que se desarrollan los hechos de nuestra vida, de los trabajos a los que nos aferramos para olvidar amores o de los amores que perseguimos para olvidar nuestra rutina… Van incluso más allá de mis propios apegos. Tal vez esos apegos que todos tenemos son necesarios para vivir la vida, aunque a veces parezca que la destruyan. Tal vez están ahí para darle sentido, para aferrarla a algo y que no se pierda en los años, meses, horas y segundos que devoramos sin darnos apenas cuenta de ello. Pero tal vez estoy equivocada porque igual:

Señora, lo ha entendido todo al revés




lunes, 4 de abril de 2016

El libro de las ilusiones



Se había convertido en una mariposa de luz, y pasó el resto del día revoloteando en torno a la ardiente llama de una vela. Sabía que sus alas podían prenderse en cualquier momento, pero cuanto más cerca estaba de tocar el fuego, más sensación tenía de estar cumpliendo su destino. Como escribió en su diario aquella noche: Si pretendo salvar mi vida, tengo que estar a un paso de destruirla.
Paul Auster 





Meses después del accidente en el que murieron su mujer y su hijo, David Zimmer, escritor y profesor en Vermont, escribe un libro sobre la única persona que ha conseguido devolverle la sonrisa, el actor de cine mudo Hector Mann, desaparecido décadas atrás. En la décima novela de Paul Auster, la narración de la vida de Hector Mann contada por Zimmer se mezcla con lo que le sucede al profesor y con la filmografía del actor, configurando potentes historias entrecruzadas que difuminan los límites entre la ficción y la realidad.




Hasta ahora el mejor libro del año. Sí, lo sé, sólo llevo tres, pero éste de momento tiene la medalla de oro. Estaba desanimada con las elecciones literarias que he ido haciendo desde enero. Y pensando en ese detalle, en la calidad de las cosas, me viene otro pensamiento: que nunca está todo perfecto, que las cosas buenas, agradables, bonitas o importantes, pasan muy de vez en cuando. Creo que lo hacen así porque de otra forma perderían su importancia. O no. Puede que simplemente se trate de que esperamos demasiado de todo y el secreto de que las cosas o situaciones nos parezcan mucho más bonitas, interesante o hermosas, reside en ser un poco más conformistas o mejor dicho, porque no soy muy fan con eso de ser conformista, es saber sacar lo mejor de cada situación. Bueno que me salgo del tema en cuestión.

Cuando comencé el libro pensé: otro drama más. No tengo suficiente con los de mi día a día que en un rato de relax encuentro las miserias de los demás. Pero este Paul engaña, ya lo dice en el título del libro. Para mí no ha sido un libro dramático. Ha resultado ser como una especie de búsqueda del tesoro. 

He de decir que he agradecido la forma de escribir de Paul, porque el repetitivo de Richard con Canadá, no me entusiasmó y tampoco lo hizo el decadente escenario de Jeffrey en las Vírgenes Suicidas.

A resaltar las narraciones de las películas. Es como si estuvieras sentado frente al televisor. Logra hacer que te imagines cualquier situación sin que al final tengas la sensación de un empacho de adjetivos y descripciones. Hay varias “escenas” del libro que me gustaron. En una de ellas el protagonista es invitado a una cena a la que no está muy seguro de asistir. Lo que en un primer momento parecía una cena íntima, resulta ser una especie de fiesta. Paul lo escribe de tal forma que, sin que cuente demasiados detalles, eres capaz de imaginarte al protagonista allí: sudando, con voces de fondo confusas, incómodo, inquieto, fuera de lugar, el corazón latiendo fuerte … Es una de las cosas que me gusta de este autor. Su capacidad para hacer que empatices con los personajes.

Me ha hecho reflexionar sobre la capacidad de adaptación del ser humano. Creo que en cierto modo está en nuestro ADN la disposición de asumir pérdidas y también la aptitud de ejercer ciertos roles en base a las circunstancias. También me ha hecho pensar en la suerte, en la casualidad y en que debe existir cierto orden establecido en el Universo que relacione a ambas. Es difícil hablar de estos pensamientos sin hacer alusiones concretas al libro pero si lo hago estropearé la lectura a quienes aún no lo hayan leído. 

Cuando te ocurre una desgracia, sea del tipo que sea, es muy difícil centrarte en algo que no tenga que ver con tu vida y tu drama particular. Resulta complicado que algo capte tu atención lo suficiente como para salir de tu propia desgracia. No sé cómo se puede superar la perdida de toda tu familia, aunque como todo en la vida, desde fuera se ve con otra perspectiva. Es en el momento en el que uno se enfrenta cara a cara con una adversidad, cuando descubre su verdadera fuerza y aparecen miedos que hasta ese día no habían existido. La vida sigue para el que sigue viviendo y es de vital importancia que te des cuenta de ello. ¿Pero cuál es ese instante en el que te das cuenta de que sigues vivo? ¿Qué desencadena ese nuevo comienzo? 

A pesar de que los amigos que han leído a Auster me han recomendado otros libros anteriores a éste, El libro de las ilusiones ha sido el primer acercamiento a Paul y puedo asegurar que no será el último. 

La primera imagen que vino a mi cabeza cuando leí el titulo fue un peluche de mi hijo de una chistera con un conejo asomando. Al pensar en el libro después de leerlo, sigue siendo esa la imagen que asocio a esta historia. Una chistera y descubrir con asombro e ilusión lo que puede esconder, como la vida misma.




¿Qué propósito le movía Zimmer?


Usted me hizo reír. Eso fue todo. rompió la cáscara que me envolvía, y después se convirtió en mi pretexto para seguir viviendo

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domingo, 21 de febrero de 2016

Las vírgenes suicidas





El dolor es algo natural,
superarlo es opcional.

Jeffrey Eugenides  







En menos de un año y medio, las cinco hermanas Lisbon, adolescentes de entre trece y diecisiete años, hijas de un dócil profesor de matemáticas y de una católica ferviente que no las dejaba salir con chicos, se suicidaron. Veinte años después, varios hombres de mediana edad, que fueron en su adolescencia vecinos de esas chicas, intentan desentrañar el enigma de aquellas muchachas que siguen fascinándoles, recopilando chismes, informes policiales y médicos, recortes de prensa y fragmentos de diarios íntimos, restos de un tiempo congelado en la memoria, que encierra el misterio de la femineidad, el deseo y la muerte.




Retomo la lectura después de casi dos años de abandono. Regreso a mis Barcos de Papel con el segundo libro del año. (El ritmo es lento, lo sé. Espero coger carrerilla una vez que caliente un poco). 

Este es un libro que probablemente por la temática no hubiera elegido de no ser porque decidí intentar completar algunas categorías de un reto literario. Lo incluyo en la categoría de “un libro recomendado por una de sus miembros” . De entre todos los que proponían hice una selección de aquellos que me gustaban. Después añadí un complemento adicional: lo sacaría de la biblioteca a la que llevaba sin ir desde mis tiempos universitarios. Me emocioné al renovar el carnet pero la emoción duró lo que tardé en comprobar los pocos fondos literarios con los que cuenta.  

Comenzar un libro del que conoces el final desde la primera página es algo que desanima un poco, al menos a mí. Al mismo tiempo siento curiosidad por saber lo que el autor piensa relatar y que está tan seguro de que será capaz de mantener al lector con ganas de seguir leyéndolo hasta el final pese a conocerlo. He de decir a su favor que la forma en la que está escrito hace que te adentres en la historia, te hace en cierto modo partícipe con su narración. 

Desconozco si está basado en hechos reales, lo poco que he leído sobre el libro no me ha indicado que lo esté, pero supongo que el autor debió de vivir de cerca algo similar. En mi caso, afortunadamente no he conocido nada parecido. Solamente recuerdo el suicidio de un chico que conocí en una excursión rural de fin de semana. Eramos un grupo de unas 30 o 40 personas. Todos menores de veinte años. Creo recordar que tenía dieciséis o diecisiete. Años más tarde, revisando las fotografías con una amiga que también estuvo allí, me dijo que se había suicidado. No recuerdo su nombre y tampoco se mucho sobre su vida pues después de ese fin de semana en el que lo conocí, nunca más lo volví a ver. Lo cierto es que cuando veo de nuevo los álbumes de fotos, siempre se me van los ojos a él y no al resto del grupo de personas que aparecen en la fotografía. Siento cierto escalofrío y la sensación de que me observa, y me pregunto qué sería lo que le llevó a pensar que ya nada tenía sentido. Cuál es la historia de su suicidio y lo desesperado y sólo que debió sentirse en ese momento son incógnitas que nunca resolveré. 

La novela no sólo habla del suicido, cuenta también la obsesión de unos chicos que crecen con ellas y que años más tarde aún siguen preguntándose por este acontecimiento. Las niñas Lisbon son descritas a través de unos ojos enamorados adolescentes que todo lo idealizan. Ellas parecen etéreas, inalcanzables, lejanas y fascinantes. Las observan, conviven con ellas pero nunca las llegan a conocer realmente. Aquello que no comprendemos a veces nos obsesiona con el tiempo, sobre todo un suceso tan dramático.

El libro habla también de la decadencia y te sumerge en esa situación de frustración, pérdida de libertad, abatimiento y dejadez que sintieron las hermanas. Pero la sensación que he tenido después de leerlo, es que, más que un libro que habla sobre el suicidio, es una novela de crítica a la sociedad, en concreto a la cultura familiar de las comunidades americanas. En cierto modo el autor hace víctimas a las chicas de la sociedad en la que viven. 

Alguien una vez me dijo que los suicidas no aman la vida. No sabría decir si pienso que esa afirmación es cierta. No lo tengo tan claro. Hay muchas clases de suicidas. Es un tema que me causa cierto respeto y después de esta novela y con el caso reciente del chico que se suicidó por sufrir acoso escolar, hace que surjan ciertas preguntas. Tengo pendiente ver la película.

No sabría decir si el libro me ha gustado o no. El puzzle que intentan reconstruir los chicos llega a estar incompleto y esa es la sensación que en general he sentido con el libro. Páginas de búsqueda de una explicación de ese suceso dramático y a la única conclusión que he llegado es que es imposible comprender los motivos que llevan a alguien a tomar una decisión así, por muchos datos que tengas. Tal como dice una de las chicas al principio de la novela: 


"Esta muy claro, doctor, que usted nunca ha sido una niña de trece años”.






jueves, 21 de enero de 2016

Say Hello & Smile





7 de diciembre de 2015



No soy un libro en blanco, ni siquiera sé lo que eso significa. Creo que una vez lo fui pero de eso hace mucho, muchísimo tiempo.




12 de enero de 2016



Llevo cerca de tres meses en este nuevo cuerpo. Los recuerdos están mezclados y no sé muy bien a qué vida corresponde cada uno. Tampoco soy capaz de conjugar todos los verbos. Mucho menos saber el número exacto que hay. ¿Los habrá contado alguien alguna vez? 

El señor “X” me obligó a apuntarme a clases de inglés. El señor “Z” decidió que sería fundamental escribir un diario y me entregó una preciosa libreta con tapas que imitan el mármol. El señor “Y” prácticamente no me dirije la palabra. Está enfadado conmigo pero nadie me cuenta el motivo. Tampoco es que yo haya insistido mucho en ello. Será una de las pocas cosas que no necesito recordar.

La libreta la llevo siempre en el bolso. Para “el fundamental”, decidí que lo mejor (y más rápido), sería escribirlo en el precioso ordenador de la manzana que he colocado en el escritorio blanco de 510 euros de mi habitación. Aún así llevo la libreta conmigo a todas partes. No he escrito nada en ella salvo: “Say Hello & Smile”. Su compañía se ha convertido en una obsesión. Llego a tal extremo que incluso a veces en mitad de la noche despierto y a oscuras extiendo la mano tentando a ciegas para comprobar que sigue en la mesita de noche. Cuando noto su tacto vuelvo a respirar.

El inglés lo llevo fatal, nunca comprendí muy bien ese idioma. La frase del diario es en su honor. En honor de alguien pero tampoco sé muy bien de quién se trata. Los tres están enfadados conmigo aunque solamente "Y"es el que no tiene ningún reparo en mostrar su rencor. Me siento culpable, tal vez algo de razón tienen aunque aún no puedo pedir perdón. Me llevará tiempo sentirme preparada. Ellos tampoco lo están, no lo entenderían.

La primera frase la escribí un 7 de diciembre. Hoy la he completado con otra un poco más extensa. Desde que creé el archivo han pasado 36 días. Si lo reducimos a una cifra se quedaría en un 9, y si sumamos todas las cifras del año 2016, también obtenemos un 9. Nueve, el final de un ciclo. Los números son importantes, alguien me lo dijo cuando mi vida era otra. No quiero volver a repetirme, pero tampoco recuerdo quién fue ni lo que ellos significan.

Algo en mi interior lanza pequeños destellos que, unas veces iluminan y otras lo oscurecen todo aún más. Lo lógico sería sentirse abrumado por esa situación. De momento yo no me siento así. 

Soy experta en comenzar cosas que nunca llegan a un final concreto. Lo sé, a pesar de que ahora mismo, tal como he dicho antes, no puedo poner ningún ejemplo porque no los recuerdo. Aún así siento que he vivido esa sensación de frustración muchas veces. ¿Lo has sentido en algún momento de tu vida? Me refiero a que de repente te has parado y has pensado: esto ya lo he vivido. Eres incapaz de saber con exactitud lo que ocurrirá a continuación, pero algo del entorno ya estaba ahí en tu mente antes de que llegases a ese lugar en esa fecha concreta. 

Escribir el (no) diario me parece absurdo porque nunca tendrá un final. Tampoco tengo claro su finalidad. Me lo ha ordenado "Z" y como soy obediente, (o finjo serlo, o tal vez puede que necesite comportarme así) lo hago. Al igual que las clases de ingles y no hablar con "Y". Todo son órdenes. Siento también que nunca he llevado bien las órdenes.

Mi nombre tiene armonía. Estoy segura de que hasta en la boca del más torpe sonaría melódicamente. Antes de comenzar a escribir quería recordar más cosas. Hacerlo con un orden cronológico. Darle algún sentido. Expresarme correctamente. Las palabras “poético” y “armonía” resuenan en mi mente. Imagino que también he sido perfeccionista desde la primera hoja en blanco. Hoy escuché que es preferible hacer algo aunque sea imperfecto, a no hacer nada. ¿Y por qué no?, me he preguntado. Total esto es un diario, escribe para contarlo no para ganar el premio nobel de literatura. Por cierto, tengo que buscar en internet las bases para participar. 

Tengo tantas preguntas… También tengo muchas respuestas y puede que sea el momento de dejarlas salir. Escuchar la entonación que les doy. 

La primera frase que escribí suma 13 palabras desde el inicio hasta el punto. No recuerdo tampoco las normas gramaticales y ortográficas. ¿Las frases se cuentan hasta el primer signo de puntuación? Para mí la primera frase es hasta el punto. La coma que está más o menos en el centro es necesaria para respirar. Hoy esa primera frase la he completado con otra más. ¿Necesitas contar las palabras que tiene o eres capaz de adivinarlas?


Me llaman Havva. Nice to meet you!






P.S. Esto no es un regreso. O puede. O puede que no. Uno nunca se aleja demasiado de quien es, por mucho que corra. A mí siempre se me ha dado fatal nadar y me daba miedo regresar a este Océano pero es que ... Quevedo a veces escribe. 

viernes, 6 de marzo de 2015

20 N










Si me quieres, quiéreme entera, 

no por zonas de luz o sombra.



Dulce María Loynaz

domingo, 8 de febrero de 2015

Life itself











Pd.- A veces las palabras se quedan cortas y la música expresa mejor los sentimientos  


martes, 3 de febrero de 2015

No culpes al karma de lo que te pasa por gilipollas



Con cualquier cosa me emocionaba, lo sé, pero es que no me quedaba más remedio que hacerlo.

Cuando las cosas van mal, o te agarras a un clavo ardiendo y magnificas las expectativas o te hundes del todo.

Laura Norton







Si estás leyendo estas líneas es que te ha llamado la atención el título.¿Te gustaría decírselo a alguien? ¿Serías capaz de decírtelo a ti mismo? Y lo más importante:
¿te gustaría mantener durante un buen rato la sonrisa que se te ha quedado en la cara? Pues esta es tu novela.
Te podríamos contar con más o menos gracia de qué va la cosa, para que te hicieras una idea: que si la protagonista, Sara, es muy maja, que si tiene un trabajo muy interesante (es plumista, ¿a que nunca lo habías oído?), que si es un pelín obsesiva y alérgica a los sobresaltos...
Por supuesto, la vida se le complica y se encuentra con que su piso se convierte en una especie de camarote de los hermanos Marx cuando en la misma semana se meten a vivir con ella su padre deprimido, su hermana rebelde y su excéntrico prometido y, sobre todo, el novio al que lleva mucho tiempo sin ver...
Pero mejor no te lo contamos porque te gustará leerlo. Lo único que necesitas saber es que, desde el título, te garantizamos unas cuantas horas de descacharrante diversión como hacía tiempo que no disfrutabas.


Empecé el año incumpliendo el (no)propósito de retomar el hábito de lectura que dejé olvidado cuando las hormonas revolucionaron mi cuerpo durante el embarazo. Quería hacer una de mis (no)reseñas al menos una vez al mes. Hacerlo como a mí me gusta, como una especie de diario. Ya he fallado en enero. Al menos intentaré hacer mención a uno de los pocos libros que leí el año pasado para no dar por perdido ese (no)propósito.

Efectivamente no hay que culpar al karma de lo que nos pasa por gilipollas y tampoco puedo culpar a nadie por la elección del libro. Compra compulsiva que hice sin leer al menos la sinopsis. Me dejé llevar por el título y tenía que haber hecho más caso a la portada que ya lo dice todo, no hay más que ver ese rosa.

Hace tiempo alguien me dijo que las cosas pasaban por algún motivo, que debíamos estar atentos a las “señales” y nos iría mucho mejor. Las últimas semanas antes de esta lectura había mantenido con distintas personas conversaciones sobre la suerte de cada uno, de cómo nos buscamos muchas veces lo que nos pasa. En esos pensamientos estaba cuando apareció el título del libro y me dije: una señal. Creí que el libro sería algo más rollo psicológico o de autoayuda con cierto aire de humor. Error.

Me gusta oxigenarme con novelas a lo Diario de Briget Jones. Me entretienen y hacen que vea las cosas desde otra perspectiva. Siempre es bueno cambiar de punto de vista. Siempre es bueno que te cuenten historias con finales bonitos. El rosa también es un "guapo" color aunque a determinadas personas no nos guste demasiado e incluso nos olvidemos de que existe. Lo malo es elegir un libro inadecuado cuando tienes cierta apatía con la lectura. Consigues el efecto contrario si no aciertas con las elección. Así que pese a que las críticas lo definen como un libro divertido, su humor no ha conseguido contagiarme. Tal vez hubiera sido mejor dejarlo para otro momento en cuanto comencé la lectura y vi de lo que trataba.

A destacar el comienzo del libro que me recordó los años de instituto y el curioso oficio de la protagonista. Lamento no poder hacer una crítica más constructiva pero los personajes y la trama han seguido al dedillo el guión de novela romántica. Es un libro de fácil lectura y ritmo rápido que recomiendo a aquellos a los que les guste este género literario. Para mí ha sido previsible y aunque dentro del mismo género todos los libros lo son, a veces te encuentras alguno que en un determinado momento te sorprende. No ha sido el caso. Felicitar no obstante por el título acertado que lo quieras o no, te llama la atención y hace que te fijes en él.

Y en cuanto al karma, las decisiones acertadas o no, lo gilipollas que nos sentimos a veces… Supongo que es más cómodo culpar al karma o al destino de nuestros errores antes que asumir que nos equivocamos nosotros y que a veces obtenemos lo que nos hemos buscado.



domingo, 18 de enero de 2015

De hilos, tijeras y una canción para el camino



Hace falta la noche para ver las estrellas
Benjamín Prado








En más de una ocasión ha zarpado con luces apagadas y así los golpes son inesperados. 


Lo que más me gusta de Coral es que nunca sé el momento en el que aparecerá de nuevo. Siempre con ese aire tristón y melancólico que algunos tacharían de bohemio y que ella siente como una derrota. Por eso cuando se aproxima el aroma de limón procuro estar lista para hacer una captura rápida, no vaya a ser que en un descuido me pierda una de sus botellas

Me inclino a pensar que en su ausencia estuvo en magníficas islas perdidas, descubrió un nuevo océano y que a su regreso compartirá conmigo sus aventuras. Lo cierto es que la mayoría de las veces simplemente se queda observando. 

Hoy me ha guiñado un ojo al mostrar una revista con una caracola en la portada. Ha señalado el horóscopo y me ha dicho solamente: Géminis. 

De pequeña tenía clara la profesión a la que quería dedicarse, por eso cortó la bata azul de su abuela. Practicaba en el callejón más oscuro de su barrio. Para ser más exactos, las tardes de los martes y jueves al regresar del colegio. Se colgaba la tela y corría de un extremo al otro del callejón levantando su brazo. Tras varias semanas no obtuvo ningún resultado. Lo intentó dando un pequeño salto antes de la carrera, se subió la los escalones de los vecinos, llegó a tener un chichón en la frente por colgarse de una farola e incluso apunto estuvo de saltar desde una azotea. De nada sirvió. Solamente desgastó suelas y suelas de zapatos. Nunca consiguió volar. Por ese motivo cambiaron sus intereses profesionales. 

Lo malo de las inquietudes es que nunca se borran del todo. A veces simplemente permanecen dormidas. Un día despiertan y tienen ganas de desayunar. Se les da de comer, se les pone guapas  y vuelta a empezar. 

Coral tiene una vitrina llena de zapatos con suelas gastadas. 

Lo intentó casi todo, incluso preguntarse si esa forma de vida podía hacerla feliz. 

Ahora ya sabes donde emplea el tiempo los días de semana. 

Sé que no se ha rendido y que esta vez su barco ha zarpado con una pequeña luz. Se también que el mundo se le ha perdido pero no tengo claro que quiera encontrarlo. Se que todo puede suceder incluso en lo cotidiano y que sin esa oscuridad, no podría apreciarse su luz.


Noelia

sábado, 20 de septiembre de 2014

Aequam memento rebus in arduis servare mentem





Recuerda conservar la mente serena en los momentos difíciles








Coral decidió hacer un viaje tierra adentro. El mar se le había hecho un nudo y prefirió la sequedad del desierto. 

Quería amar: la tierra, las flores, el aire, la tormenta, los perros, los amigos, la rutina… Quería amarlos a todos. Pronto descubrió que ella no podía amar, por eso Coral bailaba.

No se mostraba valiente ante la culpa, aún así consideró vivir tierra adentro como si fuera inmortal. Decidió prestar atención a todo aquello falto de alegría, incluso dar oportunidad a los que se mostraban al mundo como si valieran la pena. En realidad Coral quería ser feliz. Pronto descubrió que no sabía nada acerca de la felicidad, por eso Coral fingía.

En sus viajes conoció a un titiritero que se envolvió en sus propios hilos y cayó preso de sus palabras. Tuvo que batallar con una sonámbula cuyos ojos estaban llenos de aguas oscuras. A todas horas, la sonambula llora que llora, porque si no se llora no se mama. Y mamó del titiritero y como Coral ya estaba en la pista cuando se avecinó esa tormenta, tuvo que bailar al son de los cobardes. Y el rayo al final le sacudió a ella, así sin ton ni son.

Coral tenía tantos sueños… Coral descubrió también en sus viajes que tal vez no merecía ninguno de ellos. Se arrepintió en voz baja de haber dejado claras tantas y tantas cosas a aquellos que se mostraban al mundo como si valieran la pena. 

Coral quería escribir para salvarse del tiempo perdido, con la esperanza de que la tinta borrase todo los absurdos bailes ocurridos en su viaje. Tenía el sueño incesante de encontrar a un náufrago que comprendiese su historia y compartiese con ella el deseo de vengar a los que son eclipsados por los que se muestran al mundo como si valieran la pena.


Noelia

sábado, 16 de agosto de 2014

La lista de mis deseos


Solo en los libros se puede cambiar de vida.Se puede tachar una palabra entera. Hacer desaparecer el peso de las cosas. Borrar bajezas y, al final de una frase, encontrarse de pronto en el fin del mundo.

Gregoire Delacourt






Jocelyne, apodada Jo, es propietaria de una mercería en Arras, una pequeña ciudad francesa. Madre de dos hijos, vive con su marido Jocelyn, también Jo, a quien sigue queriendo después de años de matrimonio. Escribe un blog sobre costura y manualidades, su gran pasión, que cuenta con miles de seguidoras. A pesar de todas sus imperfecciones, a Jo le gusta su vida, y sale adelante disfrutando de las pequeñas cosas. Incluso ha elaborado su propia lista de deseos, que va tachando a medida que los consigue. Pero cuando, agraciada por el azar, gana dieciocho millones de euros en el Euromillón, decide hacer algo completamente imprevisible. ¿Está preparada para cumplir sus sueños?



Puede sonar algo materialista y superficial, pero tal como está la sociedad hoy en día sigo pensando que, aunque el dinero no da la felicidad, soluciona muchas cosas que nos impiden ser felices, más aún si tienes la desgracia de padecer alguna enfermedad. Así que aunque no compre boletos de lotería con asiduidad, sí que a veces me da por pensar qué haría si me tocasen unos cuantos millones.

Hace algunos años, el día 31 de diciembre, hacía una lista con mis proyectos y deseos por cumplir para los siguientes meses. Rara es la vez que conseguí realizar, no digo todos, pero al menos la mitad. Puede que por imposibles, dejadez o circunstancias adversas. 

Lo malo de los deseos algunas veces es que van cambiando con el paso del tiempo e incluso algunos de ellos cuando se realizan no resultan tan gozosos como en un primer momento pensábamos.

Referente al libro, destacar la reacción un tanto peculiar que tiene la protagonista cuando le toca la lotería. Nunca he conocido a nadie que le hayan tocado muchos millones pero imagino que la "rapidez" por comprar aquello que no tienes y que has deseado durante toda tu vida, sería lo primero que cualquier persona haría. Una actitud generosa y calmada tal como la de la protagonista no creo que la tengan muchas personas. Aunque supongo que cuando se llega a una edad, la intensidad con la que se mira hacia el futuro se reduce y eso hace que nos volvamos menos exigentes y que nuestras inquietudes disminuyan. Al menos esa es la sensación que tuve cuando comencé a conocer a Jo.

Soñar dicen que es gratis pero lo que no dicen es que también es doloroso, sobre todo si eres una persona inconformista y no con demasiada suerte. Seguiré incrementando mi lista de deseos, tachando algunos y añadiendo otros, nunca se sabe cuando se pueden cumplir. En cuanto a que me toque la lotería no lo tengo tan claro así que intentaré que un alto porcentaje de esos deseos no dependan de ninguna moneda. 

viernes, 20 de junio de 2014

835



La noche quiso que fuésemos noche también nosotros

Carles Riba

sábado, 25 de enero de 2014

19 N



I know the parts of you that you don't think you show
But I still love you