I only want a little

lunes, 5 de septiembre de 2011

El sol siempre seca la ropa mojada



Cuando los relojes de la ciudad, en sus enloquecidos andares, marcan las siete y los cucús y los gongs de las máquinas hacen sonar su repetido canto, el viejo reloj de mi habitación cobra vida. Dos veces al día, por la mañana y por la noche, el reloj se siente en completa armonía con el resto del universo.
Si alguien mirara el reloj solamente en esos dos momentos diría que funciona a la perfección... Pero, pasado ese instante, cuando los demás relojes acallan su canto y las manecillas continúan su monótono camino, mi viejo reloj pierde su paso y permanece fiel a aquella hora que alguna vez detuvo su andar.

El reloj parado a las 7, Giovanni Papini




Fotografía: Alberto Cuellar



III


Se llamaba Coral y se duchaba todos los días a las seis y veinte de la mañana. 
Nunca había destacado en nada. Aparentemente era normal. No poseía cualidad alguna que la diferenciara del resto. Así se sentía segura camuflada entre la maleza, pero había días en los que deseaba ser especial. 

Los doce de cada mes, acudía a una vieja cafetería situada en la calle veintinueve, frente a una tienda de partituras. 

Tomaba té helado en invierto y café humeante en verano mientras observaba a un grupo de muchachas que se instalaban en la mesa contigua. Normalmente eran cuatro o cinco, pero en vacaciones llegaban incluso a ser trece. 

Gracias a la agudeza de su olfato escuchaba con detalle cada una de sus conversaciones. Serían más o menos de su edad pero nada en ella era común a sus vecinas de mesa. Admiraba su forma juvenil de vestir; los viajes que relataban; esos secretos que se contaban; su manera educada y culta de hablar; las anécdotas de sus días de Universidad; los cotilleos varios de sus devaneos amorosos... 

Anhelaba ser como ellas. 
De forma metódica y detallada, anotaba en su cuaderno de metamorfosis las directrices a seguir. 
Hasta el mismo día de cada mes intentaba llevar a cabo su transformación. 
Primero imitaba las cosas visualmente más fáciles como su forma de vestir, de maquillarse, sus movimientos, expresiones,... 

El día veintitrés además de la ducha de la mañana, tomaba un baño caliente por la noche para borrar cada resquicio de ellas en su persona. Se sumergía durante casi una hora y emergía de nuevo siendo ella. 

Sacudida esa capa de putrefacta inseguridad, cerraba los ojos, respiraba profundamente y durante unas horas sentía que era muy superior a ellas.

Noelia

7 comentarios:

Katy dijo...

Fantástico. Muchas veces ocurre tal como lo dices. Hay personas que no están a gusto en su piel y necesitan para saber que están vivas del mimetismo.
Bss y buena semana

Ámber dijo...

¡Me gusta como haces matématicas con las letras, desde el silencio y calidez de las mismas.

WOW! A las 6:20 se ducha todas las mañanas, y es que... "A quien madruga Dios le ayuda."

Besitos, varios,

Ámber

Mónica dijo...

Yo pensaba que era por la tarde...

rombo dijo...

Analizar la vida de Coral, engancha...

MariCari♥♥♥♥♥ dijo...

Superior, inferior, imitar, comparar, agudeza de olfato para escuchar, tomar una ducha y un baño seguido, creo que me he perdido, de verdad, estoy tan desquiciada como Coral, crees que me pondré bien? Confío en ti! El reloj lo escribió Giovanni Papini... me gustó, me suena y me recuerda a algo... pero ahora no caigo, no sé, una adivinanza quizás, pero no caigo, no sé si he escrito algo parecido como me parece familiar, tan familiar como que el sol siempre seca la ropa mojada... ¿Me estaré volviendo loca? Por qué un maniquí desnudo??? Sí, creo que necesito camuflarme entre la maleza...Bss...

Citu dijo...

yo creo que aveces me siento así ay días que no tienes gans de nada. Genial reflexión como siempre

TORO SALVAJE dijo...

Muy cartesiana.
De costumbres fijas e invariables.
Eso da seguridad y aburrimiento.

Besos.