I only want a little

sábado, 22 de septiembre de 2012

Carta de una desconocida


¿Te has preguntado alguna vez, en estos diez u once años, quién te las podía enviar? No lo sé, nunca sabré la respuesta. Sólo el hecho de hacértelas llegar desde la oscuridad, dejar que una vez al año floreciera el recuerdo de aquellas horas, sólo eso me bastaba.





Sólo quiero hablar contigo, decírtelo todo por primera vez. Tendrías que conocer toda mi vida, que siempre fue la tuya aunque nunca lo supiste. Pero sólo tú conocerás mi secreto, cuando esté muerta y ya no tengas que darme una respuesta; cuando esto que ahora me sacude con escalofríos sea de verdad el final. En el caso de que siguiera viviendo, rompería esta carta y continuaría en silencio, igual que siempre. Si sostienes esta carta en tus manos, sabrás que una muerta te está explicando aquí su vida, una vida que siempre fue la tuya desde la primera hasta la última hora.


Siempre he sentido debilidad por los libros epistolares. De adolescente tuve una época en la que contaba las historias que imaginaba a través de las cartas que sus protagonistas se escribían. Recuerdo que en aquellos años, cuando aún contaba con ilusiones y sueños por romper, escribí una carta a un chico del que estaba profundamente enamorada. Mi intención era enviársela y así declararle mi amor pero nunca tuve el valor de hacerlo. Años más tarde tomando un café con él descubrí que había sido un fantasma el destinatario de aquella carta. La realidad no suele mejorar nuestras fantasías, eso es lo malo de idealizar a las personas.

Esta novela no se si se podría clasificar como epistolar pero me parece muy curioso que en menos de 70 páginas se pueda relatar una vida. Stefan logra transmitir no sólo la existencia, sino las emociones que vive la protagonista, de la que curiosamente nunca se llega a saber el nombre, detalle del que no me di cuenta hasta que lo leí en otra reseña del libro.

Me sumergí en recuerdos perdidos de amores frustrados mientras acompañaba a esa protagonista anónima que bien hubiese podido ser yo de haber llegado a enviar aquellas cartas o de persistir ese enamoramiento juvenil. 

Es el relato de un amor incondicional aunque yo diría más bien obsesivo y platónico e incluso puede que sin sentido, pero qué sería de nosotros si no existiesen.

Las nuevas tecnologías agilizan la transmisión de mensajes pero a veces se pierde ese delicado misterio que contenían los sobres cerrados del buzón. Aún conservo cartas amarillas y esa necesidad de escribirselas a alguien, pero es muy difícil dar con personas que realmente sepan apreciar la caligrafía.

2 comentarios:

eva dijo...

Para los lectores, igual os interesa esta dirección:

http://www.anobii.com/

Sergio dijo...

Yo he tenido este verano una experiencia caligráfica y por carta. Mi escritura es fea. Se entiende pero fea. Todavía no sé si hay diferencia entre escribir con ordenador o encontrar el maś íntimo contacto del bolígrafo con el papel. A veces hago borradores de posts en una cafetería. Muy a la antigua. Y lo disfruto mucho...
Por cierto, gran autor. Un maestro de lo breve.