I only want a little

viernes, 16 de noviembre de 2012

Almas grises

Las cosas no son ni blancas ni negras, lo que reina es el gris.
Los hombres, sus almas…, pasa lo mismo. 
Tú eres un alma gris, rematadamente gris, como todos nosotros.

Philippe Claudel



Ganadora del prestigioso premio Renaudot y elegida Libro del Año por los libreros franceses y la revista Lire, esta novela posee una belleza sombría y seductora que emana tanto del clima misterioso que envuelve la historia como del profundo y descarnado retrato de los personajes que la componen  Diciembre de 1917. En un pequeño pueblo del norte de Francia, el cuerpo sin vida de una hermosa niña aparece flotando en el canal. A la escena del crimen acuden, acompañados por el incesante tronar de los cañones y el acre olor a pólvora de un frente que se desgarra a escasos kilómetros, un policía, un juez instructor y un militar. En este mundo provinciano, el asesinato de Belle suscita innumerables sospechas, despierta viejos rencores y sacude un orden social que se tambalea. Todos los indicios apuntan al fiscal Destinat, un rico aristócrata ya jubilado, pero el juez designará como culpables a dos desertores apresados en las cercanías del lugar del crimen. Sin embargo, la crónica de los hechos, escrita por el policía veinte años después del suceso, invita al lector a descubrir una realidad inesperada. En su implacable relato, donde la emoción aparece retenida por el pudor del narrador, nadie es inocente, y los culpables, de una forma u otra, son también víctimas. El gris es el tono dominante, pero no el gris de la muerte, ni el del duro clima invernal, ni siquiera el de la cobardía, sino el gris en que se desenvuelve la condición humana: la ausencia de certezas absolutas, las sombras, los claroscuros  en suma, el peso rotundo de la duda.


El miércoles fue día de ciclo, una mañana larguísima en el hospital y no de las mejores. Solamente hubo un “descanso” de media hora y fue gracias a los libros. Una pequeña charla entre pacientes, acompañantes y enfermeras logró que por un momento nos olvidásemos de dónde estábamos. Libros. ¿Qué puedo decir de ellos? Más de una vez han sido mi tabla de salvación y esta vez no iba a ser menos.

Philippe Claudel lleva acompañándome tres semanas. Me deslizo a través de la magnífica puesta en escena de sus personajes y voy recreando la fotografía de un pueblo que bien pudiera ser el mío. Cambia el escenario, la época y las circunstancias, pero las personas siguen siendo las mismas, aquí, allí y en cualquier otro lugar. La imagen que tengo de mi pueblo es en blanco y negro. Hace años era en sepia y hace eones en color, aunque de esa época casi no me acuerdo. Ahora ha tornado a un gris oscuro casi negro. Hay veces que miro mis manos y las veo grises. Aún no soy capaz de asomarme a mi alma, por si descubro algo peor.

El centro de la historia es el asesinato de una niña, a partir de ahí Phillipe enlaza las vidas de sus habitantes. A veces creo que las grandes ciudades no tienen un contorno bien definido. No ocurre lo mismo con los pueblos, cuanto más pequeños más personalidad tienen. Sus habitantes dibujan las calles y en cada esquina se concentran historias. Nunca sabemos de quién estamos rodeados, qué se esconde tras la fachada de esa casa que tanto nos llama la atención. Incluso tras el  saludo matutino del vecino puede que se esconda mucho más que una sonrisa, tanto para bien como para mal.

Poco más puedo añadir a la sinopsis del libro, creo que es muy buena y mucho mejor el libro. Gracias Sergio por la recomendación, es interesante descubrir cosas nuevas y más si lo son como ésta. Seguramente si un día decido relatar la historia de mis días en este desierto puede que me encuentre con un relato similar al de Philippe, no en calidad por supuesto, pero sí en la misma tonalidad.

2 comentarios:

Sergio dijo...

De nada, me alegra que te haya gustado una recomendación mía. El relato de tus días en ese desierto puede ser muy interesante contado por tí misma. Algunos fragmentos de información vas dejando caer en tus posts o eso me parece a mí. Los libros. Qué buen escondite son a veces. Aunque luego tengamos que dar la cara igual. Saludos.

Dorothy dijo...

Maravillosa reseña. Este libro me dejó tocada cuando lo leí. Me gustó muchísimo, pero es muy duro. Leyéndote, explicando cómo y cuándo ha sido una de esas tablas de salvación, me sorprende que haya sido una buena lectura, porque es extremadamente duro. Pero me alegro de que te haya gustado.

Un besazo