I only want a little

domingo, 3 de febrero de 2013

Memorias de una geisha


Tienes dieciocho años, Sayuri. Ni tú ni yo podemos prever tu destino. 
¡Puede que nunca llegues a conocerlo! 
El destino no siempre es algo semajante a una fiesta al anochecer. 
A veces no es más que la lucha por sobrevivir día tras día.

Arthur Golden




En esta maravillosa novela escuchamos las confesiones de Sayuri, una de las más hermosas geishas del Japón de entreguerras, un país en el que aún resonaban los ecos feudales y donde las tradiciones ancestrales empezaban a convivir con los modos occidentales.

De la mano de Sayuri entraremos un mundo secreto dominando por las pasiones y sostenido por las apariencias, donde sensualidad y belleza no pueden separarse de la degradación y el sometimiento: un mundo en el que las jóvenes aspirantes a geishas son duramente adiestradas en el arte de la seducción, en el que su virginidad se venderá al mejor postor y donde tendrán que convencerse de que, para ellas, el amor no es más que un espejismo.

Apasionante y sorprendente, Memorias de una geisha ha batido récords de permanencia en las listas de superventas de todo el mundo y conquistado a lectores en más de veintiséis idiomas. 



La primera vez que oí hablar de él acababa de leer Los Pilares de la Tierra y ese día llegué a la oficina donde trabaja de becaria muy emocionada, inmersa aún en las buenas sensaciones que me había reportado Ken Follet. Recuerdo que esa mañana entré hablando de él en el despacho que compartía con otros cinco o seis becarios más. Tan emocinada estaba que incluso se lo recomendé a mi jefe y a una de mis compañeras, entonces ella me habló de Sayuri tan entusiasmada como yo lo había hecho de Jack. También recuerdo que en ese intercambio de sensaciones literarias, mi jefe me habló de “El arte de la guerra de Sun Ztu”. Aunque lo que realmente me sorprendió ese día fue que Manu, otro de mis compañeros que siempre estaba tan callado que te olvidabas incluso de que estaba allí, me dijo que leyese “El monje que vendió su Ferrari”.

Tres recomendaciones de personas que nada tenían que ver unas con otras. Tres personas entusiasmadas por distintos motivos que ansiaban compartirlos con alguien más. Tres libros que no se parecen en nada y un punto en común entre todos: la lectura y ese vínculo especial que se tiene cuando logras conectar con la historia.

El primero de los libros que llegó a mis manos fue El arte de la guerra, del que hablaré en otra ocasión. Memorias de una Geisha me lo regalaron ese mismo año unos meses después y el último que apareció en mi estantería fue El monje que vendió su Ferrari.

Creo que las respuestas que buscamos, las palabras de consuelo, las bengalas en la oscuridad, o cualquier otra señal que responda a nuestras preguntas, están ahí, al alcance de nosotros. Se trata de mirar en la dirección apropiada y sobre todo de que estemos dispuestos a escuchar. A veces yo encuentro esas palabras en los libros y es curiosa la forma en la que se van mezclando unos con otros.

No podría decir qué es exactamente lo que esta geisha ficticia de Arthur me ha contado, además de su historia, obviamente. No sabría describirlo con palabras porque es una especie de diálogo interior, de esos en los que ni siquiera has hecho preguntas.

La cultura japonesa está llena de misterios para mí, prácticamente no sé nada de ella y ha sido un auténtico placer encontrarme con este libro. Sobre las muchas cosas que me ha hecho reflexionar, hoy me quedaré con una, con la importancia de tener una ilusión, una meta a la que poder mirar cuando todo parece perdido. Sayuri encontró la suya y creo firmemente que eso la salvó de un destino que pudiera haber sido mucho peor. A veces me pregunto si ese destino  que todos parecemos tener, está escrito antes de embriagarnos con la primera bocanada de aire y soltar el primer sollozo en este mundo y hagamos lo que hagamos siempre será el mismo; o si por el contrario, lo vamos escribiendo día a día con nuestros actos. Puede que sea una mezcla de ambas cosas.  Lo único que tengo claro es que está limitado por el espacio y el tiempo donde nos toca vivir y que a veces, aunque parezca imposible se puede cambiar, aunque solamente sea un poco.

Podría seguir hablando de muchas más cosas, pero creo que todo lo que pueda decir sobre este libro ya estará escrito en un montón de lugares en la red, al fin y al cabo yo siempre voy con un “aparente retraso” en cuanto a lecturas se refiere. Solamente añadiré que la película también es muy recomendable, una buena adaptación que a mí personalmente no me decepcionó.

Al terminar el libro cerré los ojos y vislumbré aquél despacho de la Universidad, me vi de nuevo entrando por la puerta y mirando a Ana, “tenías razón con todo lo que me dijiste sobre el libro “ le digo y añado un “gracias”. Cuando de nuevo abrí los ojos me pregunté qué habría sido de aquellos compañeros. Veo tan lejanos esos días…

2 comentarios:

S. dijo...

Lo bueno de los libros es que el "retraso" que lleves no importa. Están para leerse en cualquier momento de siempre. Shakespeare se lee hoy en día como si fuera nuevo y no tuviera cinco siglos.
De este libro sólo sé lo que me ha enseñado Hollywood. Ví la película con una buena música y buena estética pero imagino que más simple que la novela. Así que poco puedo opinar pero sí se que nadie se ha quejado después de haberlo leído. Por cierto estoy escribiendo notas de mi blog literario pero no me atrevo todavía a hacerle publicidad. Escribo brevemente sobre cada libro que he leído este año.

Verae dijo...

El libro no lo he leído, pero he visto la película un par de veces (la segunda porque no había nada mejor) y tengo que decir que me gustó. Pero, quiero quedarme con esta frase que has escrito y que comparto en el pensamiento:

A veces me pregunto si ese destino que todos parecemos tener, está escrito antes de embriagarnos con la primera bocanada de aire y soltar el primer sollozo en este mundo y hagamos lo que hagamos siempre será el mismo; o si por el contrario, lo vamos escribiendo día a día con nuestros actos. Puede que sea una mezcla de ambas cosas. Lo único que tengo claro es que está limitado por el espacio y el tiempo donde nos toca vivir y que a veces, aunque parezca imposible se puede cambiar, aunque solamente sea un poco.

Te dejo un beso.