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jueves, 11 de abril de 2013

Contra el viento del norte, Cada siete olas



¿Has notado que no sabemos absolutamente nada el uno del otro? Creamos personajes virtuales, confeccionamos irreales retratos robot el uno del otro. Formulamos preguntas cuyo atractivo reside en que quedan sin respuesta. Pues sí, nos dedicamos a despertar la curiosidad del otro y a seguir alimentandola al no satisfacerla de manera definitiva. Intentamos leer entre líneas, entre palabras, y pronto entre letras tal vez. Hacemos grandes esfuerzos por juzgar bien al otro. Y al mismo tiempo nos preocupamos de no desvelar demasiado sobre nosotros mismos. 

Contra el viento del norte, Daniel Glattauer





CONTRA EL VIENTO DEL NORTE

En la vida diaria ¿hay lugar más seguro para los deseos secretos que el mundo virtual? Leo Leike recibe mensajes por error de una desconocida llamada Emmi. Como es educado, le contesta y como él la atrae, ella escribe de nuevo. Así, poco a poco, se entabla un diálogo en el que no hay marcha atrás. Parece solo una cuestión de tiempo que se conozcan en persona, pero la idea los altera tan profundamente que prefieren posponer el encuentro. ¿Sobrevivirían las emociones enviadas, recibidas y guardadas un encuentro «real»?



CADA SIETE OLAS

1)¿Ya conoces a Emmi Rothner y a Leo Leike? Entonces es que has leído Contra el viento del norte, la inusual historia de amor en que dos personas que jamás se han visto se enamoran perdidamente por e-mail. 
2) ¿Opinas que los enamorados se merecían verse personalmente, aunque fuera sólo una vez? ¿Y que la novela merecía una segunda oportunidad para otro final? ¡Pues aquí lo tienes!
3) ¿No tienes ni idea de qué va la historia? ¿Subes al tren de Cada siete olas sin conocer Contra el viento…? Ningún problema, aquí tienes el equipaje necesario: Leo Leike vuelve de Boston tras poco menos de un año. En casa lo esperan noticias de Emmi Rothner. Ambos se dan cuenta de que sus sentimientos no han cambiado y piensan que quizá deberían verse una vez en persona. Pero Leo ha empezado una relación y Emmi sigue casada…




Fecha: Navidad 2010 unos días antes de nochebuena. Lugar: librería favorita de aquella ciudad tan amada y odiada por mí.

Llevo tiempo sin escribir en modo “Eva”, ahora lo hago de una forma casi autista, poco … no sé cómo definirla. ¿Digamos más fría y distante? Pero hoy es uno de esos días en los que me apetece abrir mis poros más sensibles, este libro lo requiere porque me recuerda una de las pocas épocas en la que yo he sido menos racional.

Después de una lectura tan visceral como lo fue “Locura” necesitaba oxigenarme con algo más light, sobre todo hoy en las intensas horas del hospital, por eso he vuelto a coger de la estantería estos libros. Decía al principio que, a finales de diciembre de 2010, me encontraba de regreso en esa ciudad para comprar los regalos navideños. Papá Noel siempre suele traer a mis familiares más cercanos un libro. Llevaba un año y medio alejada de ella y echaba de menos sus calles, sus tiendas, sus bares de tapas y esa librería que, aunque no es de esas coquetas, misteriosas y bonitas que siempre suelen describir en los libros, al menos era “mi librería”, la última tienda a la que pasé antes de marcharme de allí y la primera que siempre suelo visitar cuando regreso. 

En la misma calle donde está situada esa librería,  la “boca de un León” se tragó hace eones de años una de las cartas más bonitas que haya escrito jamás. Un sobre cargado de ilusión y esperanza. Este hecho aparentemente banal significó mucho para mí e hizo que mi vida diese un giro inesperado. Pero el día en el que compré el libro no recordé esa carta, ni la boca del León, ni esos ojos verdes…

Me gustó el título de “Contra el viento del norte” y sin leer la contraportada decidí que ese sería mi regalo de navidad (en el pack de regalos suelo incluir siempre uno para mí, por si a los demás se les olvida) y comencé a leerlo antes incluso de envolverlo. Tuve una grata sorpresa al encontrarme con dos personajes que bien pudiéramos haber sido mi “desconocido favorito” y yo. ¿Quién no ha tenido en estos tiempos que corren una correspondencia con un “ente cibernético no identificado”?

Por aquel entonces todo este mundillo de internet, blogs, chat, y correspondencia del tipo Meg Ryan- Tom Hanks o Leo Leike-Emma Rothner, era nuevo para mí y de una forma parecida a la de los protagonistas había comenzado una correspondencia con alguien a quien no conocía y que encontré por pura casualidad un día que trasteando en mi perfil del blog pulsé el enlace que había en una de las palabras que yo había puesto en intereses. El azar, el destino o la casualidad se encargaron del resto.

Conforme leía el libro veía frases casi calcadas a las que nosotros nos decíamos, párrafos que bien me hubiera gustado decirle a él o deseado que él me confesara y situaciones aparentemente similares. Tanto fue así que a mi querido desconocido le hice partícipe de la emoción que me causaba leer ese libro y estaba deseando llegar al final para ver qué podría (por ese absurdo de las comparaciones) depararnos a nosotros la correspondencia. Para los más curiosos, he de decir que los caminos que siguen Leo y Emmi como cabe de esperar, son distintos al pequeño sendero que trazamos mi querido desconocido y yo.

Aunque he de decir que pasamos por las mismas etapas: la curiosidad del comienzo, el atractivo del flirteo , los enfados absurdos, las peleas tontas por malos entendidos debido a la limitación de ese medio de comunicación, los intentos por continuar pese a esos enfados, la necesidad de saber más del otro, la idealización de la persona, las fantasias, las confesiones, la incertidumbre, el sentimiento de estar haciendo algo totalmente absurdo, el estancamiento, la distancia… En fin, seguro que los que me estáis leyendo añadirías más cosas a esta lista porque, seamos sinceros, que tire la primera piedra quien esté libre de pecado.

Para que algo así funcione las personas tienen que conectar (como cualquier relación en la vida). Se necesita labia, ingenio y mucha imaginación. 

Dicen que las segundas partes nunca son buenas y el porcentaje de acierto de esa frase, al menos en lo que a mí se refiere, es demasiado elevado. Cada siete olas no volvió a ser lo mismo.

Creo que al igual que les ocurría a Leo y Emma, al principio(y puede que incluso al final) yo no tenía muy claro hacia dónde quería que esa correspondencia llegase, tan solo me movía la necesidad de abrir el ordenador y encontrarme con uno o varios correos en la bandeja de entrada de mi desconocido favorito. Que me contase lo que quisiera, pero que estuviese allí, esperándome.  Fuera de ahí, tal como dice Leo en uno de sus emails, no existía realidad para nosotros y sabía que pretender otra cosa llevaría al fracaso rotundo de esa conexión.

Hace tiempo eché de menos esos mails e intenté volver a buscar ese espacio reservado para él en mi bandeja de entrada, pero fue imposible, las segundas partes ya se sabe... Mi Leo particular se había convertido en un Leo común y he de decir que hasta rondaba lo vulgar. La magia de Contra el viento del norte, para mí, residía en que ese pequeño espacio de cada bandeja de entrada respectiva, solamente era de ellos dos. Era un universo paralelo a sus vidas, que incluso alimentaba de ilusión a la vida real. Leo para Emma era único y a la inversa. En mi segunda parte particular, me entristeció descubrir que yo había sido una Emma de tantas, eso hizo que Contra el viento del norte descendiera de estantería.

Tal vez por eso hoy cuando he cogido el libro para recordar, lo primero que se me ha venido a la cabeza no ha sido ese microuniverso de mi bandeja de entrada, sino la boca de aquel León y unos maravillosos ojos azul verdoso que nunca cambiarán de estante porque esos sí quedaron paralizados en el tiempo y nunca hubo pretensiones de segundas partes.

Recomiendo a todo el mundo encontrar a un Leo/Emma en su vida y si no lo encontráis leed el libro. A veces es necesario “oxigenar” un poco la realidad con algo de misterio e ilusión. Pero eso sí, ni os conforméis con vulgares y ordinarios desconocidos cibernéticos ni permitáis que os deleguen a un número más de conquistas. Y tampoco pretendáis alargar más de lo necesario una correspondencia cuando alguien pone un punto y final, pues todo intento de recuperación hará que ese desconocid@ descienda de categoría y lo que podrías recordar con cariño se convierta en algo insignificante.



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Cada siete olas, Daniel Glattauer

2 comentarios:

Verae dijo...

Leí los libros cuando salieron. Como bien dices, el segundo también me "decepcionó": un final excesivamente clásico, tal vez, todo demasiado "aseptico", previsible, o no sé muy bien por qué. Me enganchó la inteligencia de los diálogos, la personalidad de Emma y aquí, en este punto, me permito enlazar con tu historia personal, pero voy a ser muy breve: Hay pocas Emma como tú, y demasiados no Leo, tanto en el mundo eléctrico como en el real.

Mejor será recordArlo como si la segunda parte no hubiese existido.

Te dejo un beso Eva.

S. dijo...

He leído la primera parte. Me resultó muy entretenida y de esas con las que efectivamente te identificas fácilmente. La segunda me ofrecía más dificultades. Había leído que el escritor fuer "forzado" a escribirla por requerimeitno de los lectores(la mayoría de la gente no tiene imaginación y no les gusta un libro dónde al final las dos personas no se encuentran). Me negué a leer ese libro porque la obra ya estaba bien con el final que le dio el autor en un principio. Visto lo visto lo visto seguiré sin leer esa segunda parte. Ahora estoy con un libro anterior del escritor David Grossamn que trata sobre temas de cartas y es parecido pero no me engancha. veremos. Ya lo reseñaré en mi espacio. Saludos.