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sábado, 31 de agosto de 2013

Maldito Karma


Y también supe cual era la lección que, según Buda, aún tenía que aprender: los muertos también tienen que saber desprenderse de las cosas.
  David Safier 


La presentadora de televisión Kim Lange está en el mejor momento de su carrera cuando sufre un accidente y muere aplastada por el lavabo de una estación espacial rusa. En el más allá, Kim se entera de que ha acumulado mal karma a lo largo de su vida: ha engañado a su marido, ha descuidado a su hija y ha amargado a cuantos la rodean. Pronto descubre cuál es su castigo: está en un agujero, tiene dos antenas y seis patas… ¡es una hormiga! Kim no tiene ganas de ir arrastrando migas de pastel tras haber eludido los hidratos de carbono toda su vida. Además, no puede permitir que su marido se consuele con otra. Sólo le queda una salida: acumular buen karma para ascender por la escala de la reencarnación y volver a ser humana. Pero el camino para dejar de ser plagado de contratiempos.



Lo había visto en las estanterías de las tiendas en varias ocasiones. Me parecía curioso el titulo y la portada. En un primer momento pensé que se trataría de un libro de esos de autoayuda pero resultó ser una especie de comedia con moraleja final como en las fábulas. No reí a carcajada limpia pero bien es verdad que alguna que otra sonrisa consiguió sacarme.

Ahora al intentar escribir algo acerca de él, viene a mi memoria el recuerdo de una expulsión de clase de religión en el instituto. Para situarnos en esa historia he de decir que por aquel entonces tenía diecisiete años, no me había confirmado y tampoco era una ferviente religiosa, pero  los estudios de mi infancia habían transcurrido en un colegio de monjas y acompañaba a mi hermana pequeña a la catequesis en una pequeña iglesia. La falta de personal me convirtió en una catequista obligada. Un día en el instituto en clase de religión, mi profesor, un cura muy desagradable con el que yo no congeniaba, empezó a hablar de la resurrección de la carne. Cuando terminó de exponer el tema tuvo lugar una ronda de preguntas a los alumnos, llegó mi turno y se me ocurrió la genial idea de ser sincera: dije que no creía en la resurrección de la carne. Nos enzarzamos en una discusión de la que recuerdo muy poco, aunque más que una conversación fue un monólogo donde me amenazó con denunciarme en no sé donde por dar catequesis sin haberme confirmado, Recuerdo que en un intento de hacer más melodramática aquella clase, se llevó las manos a la cabeza diciendo que al saber qué les estaba yo enseñando a los chiquillos y acto seguido me invitó no muy amablemente a salir fuera de la clase.  Esa fue una de las dos veces que alguien me ha expulsado de clase, la otra fue en la Universidad. Por aquel entonces me sorprendió la poca tolerancia de un religioso y más aún la impotencia que tuvo que sentir al tener que expulsarme, demostró no tener argumentos para discutir con una adolescente. Y "milagro" fue que no suspendí esa asignatura. Años más tarde supe que ese mismo cura que afortunadamente ya no estaba en mi misma ciudad, había sido acusado de pederasta, algo que no supe si era cierto o no, aunque viniendo de él todo podía esperarse.

Y he contado todo este rollo de historia que no tiene nada que ver con el libro, para decir que, puede que no crea en la resurrección de la carne tal y como dice la Iglesia, pero me gusta la idea del karma y esa creencia de superación. Pienso que una vida es demasiado corta para aprender a ser uno mismo, para encontrar nuestro lugar o el camino o como lo queramos llamar. Mis ideas religiosas son un poco raras, lo reconozco, pero creo que la fe es necesaria para cualquier crecimiento, no solamente para el espiritual.

David Safier hace que recordemos que no sabemos apreciar lo que tenemos hasta que lo hemos perdido, lo hace mediante una historia algo loca y divertida y pone de manifiesto algunos de los valores absurdos que tenemos al vivir en un entorno capitalista.

Puede que existan muchas religiones y creencias pero todas ellas llegan a la misma conclusión: una vida es demasiado corta para todo lo que albergamos en nuestro interior.

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