I only want a little

domingo, 15 de diciembre de 2013

El cuaderno de Maya

El año pasado llevaba una existencia quebrantada,creía que mi vida estaba acabada y mi cuerpo estaba irremisiblemente mancillado. Ahora estoy entera y siento un respeto por mi cuerpo que nunca tuve antes, cuando vivía examinándome en el espejo para llevar la cuenta de mis defectos. Me gusta como soy, no quiero cambiar nada.
Isabel Allende




Soy Maya Vidal, diecinueve años, sexo femenino, soltera, sin un enamorado, por falta de oportunidades y no por quisquillosa, nacida en Berkeley, California, pasaporte estadounidense, temporalmente refugiada en una isla al sur del mundo. Me pusieron Maya porque a mi Nini le atrae la India y a mis padres no se les ocurrió ot ro nombre, aunque tuvieron nueve meses para pensarlo. En hindi, maya significa “hechizo, ilusión, sueño”, nada que ver con mi carácter. Atila me calzaría mejor, porque donde pongo el pie no sale más pasto. Mi historia comienza en Chile con mi abuela, mi Nini, mucho antes de que yo naciera, porque si ella no hubiera emigrado, no se habría enamorado de mi Popo ni se habría instalado en California, mi padre no habría conocido a mi madre y yo no sería yo, sino una joven chilena muy diferente



Aún recuerdo el primer libro que leí de Isabel Allende, La casa de los espíritus. Las horas que pasamos María y yo hablando de la novela, entusiasmadas. También está en mi recuerdo el verano en que los Cuentos de Eva Luna me hicieron soñar y recuerdo una sucesión de sus libros cada cierto tiempo. 

Parece que fue ayer cuando emocionada me quedé sin palabras cuando me dedicó El cuaderno de Maya en la feria del libro de Madrid. Al fin conocía a una de mis autoras favoritas. Así que me duele decir que este libro ha sido muy decepcionante. No he conseguido conectar ni con los protagonistas, ni con la historia. Es triste que este libro que para mí es uno de los tesoros de la casa, no es uno de mis favoritos. De haberlo sabido hubiese llevado a la firma  mi viejo libro de La Casa de los Espíritus con sus hojas amarillentas.

Suelen decir que la adolescencia es una de las etapas más complicadas del ser humano, si además le sumas la tristeza de la pérdida de un ser querido y la pérdida de la propia identidad, te sumerges en arenas movedizas. No sé si yo la considero la etapa más difícil y si en mi caso fue complicada, imagino que depende de las circunstancias de cada persona y supongo también que a mi memoria selectiva no le apetece recordar esos años.

Aunque la historia y los personajes no sean de mis favoritos, me quedo con el mensaje de Isabel, de lo importante que es estar ahí y tender una mano a quien necesita poder ver de nuevo el camino; de cómo a veces no sabemos (o podemos) ayudar a nuestros seres queridos y lo mejor que podemos hacer es mantenernos a cierta distancia; de lo difícil que es dejarse ayudar y de lo necesario que es quererse a uno mismo, sin pretensiones de ningún tipo.



2 comentarios:

S. dijo...

Pues anda que a mí que ni siquiera me gusta mal voy. Aunque tampoco es que haya leído mucho suyo. Yo también tengo un libro suyo firmado, en realidad mi compañera de piso a la que fotografié con ella. En persona es una escritora bastante simpática.

a volvo dijo...

Los escritores son seres de carne y hueso, por lo tanto, son imperfectos, dependen de su inspiración como todo hijo de vecino: unas veces acertarán con lo que queremos leer, y otras nos decepcionarán por no contar lo que necesitamos oír.
Es una "historia" como la de los ídolos, que en algún momento los vemos caer.
En fin, quiero decir que no siempre podemos estar al cien x cien y a la gente que "amamos" siempre hay que darle cuantas oportunidades necesite :)

Te dejo un beso, Noelia.